martes, 28 de diciembre de 2010




Who is right, who can tell, and who gives a damn right now,
until the spirit new sensation takes hold, then you know.
J.D.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Aproximadamente el diámetro de una tostada

"Dicen que todo está relacionado y por eso, hoy, en el mismo sitio que hace un año, con nuestra canción, sentí que echaba en falta tus miradas indiscretas, de cuando aún no me conocías y querias ser el amor de mi vida."

viernes, 24 de diciembre de 2010

Noël




A pesar de ser una Navidad tardía, ya ha llegado.
Sin nieves, no como el año pasado. Sin nubes oscuras cargadas de hielo frío para sitiar la casa en Nochebuena.
Y aunque pensé que nunca pasaría, ocurrió. Sin más.
Serán unas Navidades un poco vacías, pero igualmente estoy emocionada.

martes, 21 de diciembre de 2010

Ésto no es un espacio publicitario.
Salvo para aquellos que de verdad saben hacer algo BIEN.
Y no se da el caso, vaya.
Ni todas las chicas que hablan de sexo y enseñan las tetas son unas putas.
Ni todo el mundo merece los mismos calificativos.
Y no hay que infravalorar a la ortografía y a la gramática. Ya tenemos a la RAE para eso.

Ale, ya me quedé bien a gusto.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La importancia de las haches


Y me pongo a repasar todo lo que ha ocurrido en un año y entonces me doy cuenta de que (no sé si a mi pesar o no) vuelvo al principio, a echarte de menos y a darle menos importancia a todo, y todo ésto, sin un solo punto y seguido.
Tu lunar en el antebrazo y los moratones preciosos de mis rodillas desiguales.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Madrid, IIparte


Y sigue sin gustarme. No me gusta la ciudad, no me gustan los rumanos carteristas (con respeto a los rumanos que no lo son) ni los conductores de autobús desagradables.
Pero hay muchas cosas dentro de Madrid que si me gustan.
Me gusta que de camino a la capital nos quedamos 3 horas en medio de la nada vallisoletana con Nacho Vegas tarareando canciones de Christina, a ver si se enamora de nosotras aunque no seamos rubias cuarentonas. Intentar pagar la compra con uno de los morados y que nos den la vuelta. Cenar pollo (sí, pollo) y llegar por la mañana con los tacones en las orejas.
Bailar Yelle, que me pidas una sala para mi sola y de repente me eches de menos. Desayunaros con pizza y una coca cola. Un lunes con la baronesa de Movilla y su séquito de Niceratas y Saturninos.
Y de repente, sin darme cuenta, llega el martes en la ciudad que no me gusta. Y nos abandonan en la estación de metro y terminamos medio mirando como limpian la pista de patinaje, y medio miramos a los patinadores invisibles. Y se pasa la noche entre los cientos de personas, y decido que el mejor plan es el autosecuestro silencioso hasta que llegue la mañana.
Te voy a echar de menos. Como siempre, que ya es costumbre.
Y a vosotras también, que aunque las despedidas sean un poco amargas, los reencuentros navideños son dulces como el turrón de Suchard, ¿y ya queda poco,no?



El que diga que las segundas partes nunca fueron buenas, se equivoca, y mucho.

martes, 30 de noviembre de 2010

Un cuento de Mar(ina)

Allá en una isla del mar de la Trola,
vivía una princesa muy triste y muy sola.
Suspiraba llena de melancolía,
pensando en que alguien la salvara un día

Una cierta tarde, cuando paseaba,
ve un barco a lo lejos, que a ella se acercaba.
Era el rey de Jauja con un galeón,
de seda las velas y de oro el timón.

-Bella princesita, mi reino te doy.
Y ella le contesta: -¡Con usted no voy!
Pasaron mil fechas en el calendario,
y un día en un yate llega un millonario.

En el banco tiene millones a cientos
y en la Costa Azul, cien apartamentos.
Dice a la princesa: -¡Yo el mundo te doy!
Y ella le responde: -¡Pues aquí me estoy!
Más días pasaron -tal vez, años fueron­
y llegó a la playa un viejo velero.
Lo manda un pirata que no tiene nada:
el día y la noche y la mar salada...

- Como soy tan pobre, yo nada te doy.
-¡Pues por ser tan pobre, contigo me voy!
Y Juntos se fueron en aquel bajel,
por los siete mares de luna de miel.

Y aquí acaba el cuento del mar de la Trola
y de una princesa que estaba muy sola.



Carlos Reviejo